Gestión emocional y salud laboral en la empresa saludable

Importancia de la gestión emocional dentro de la salud laboral para conseguir una empresa saludable

El mundo en el que vivimos está en constante evolución. La irrupción de la tecnología está transformando a empresas y organizaciones, y con ello sus necesidades. Por tanto, esta evolución incide especialmente en el panorama laboral. El surgimiento de nuevas demandas de innovación y aprendizaje, requiere habilidades y capacidades a los empleados y empleadores para adaptarse. Esto ha llevado a incluir dentro del término salud laboral, en aras de conseguir una empresa saludable, cada vez más de la gestión de la salud emocional.

Las actividades laborales suponen una parte muy importante de la vida de las personas. Por tanto, pasan a ser un factor decisivo en su bienestar tanto psicológico como físico y social. (Organización Mundial de la Salud, 2010)

El bienestar emocional forma parte indispensable de la salud laboral actualmente y, por tanto, de un empresa saludable. La gestión emocional afecta al rendimiento de los profesionales. Aprender a gestionar y utilizar nuestras emociones en favor del desarrollo de tareas profesionales, favorecerá la motivación y la creación de un clima agradable en el entorno laboral. Todos estos factores son claves para prevenir el desgaste profesional, el estrés laboral y favorecer el bienestar laboral.

 

Salud emocional y salud laboral

La necesidad de adaptación de la que hablábamos al principio supone un mayor esfuerzo mental y emocional. Por eso, actualmente es habitual encontrar riesgos psicosociales laborales que tienen una relación directa con demandas de índole psicológico y emocional.

Los cambios en el ámbito laboral han generado un aumento de complejidad en las relaciones profesionales. Por ejemplo: trabajos en coordinación con personas de distintas partes del mundo, diferentes usos horarios, idiomas, culturas organizativas, clientes, etc.

Estas nuevas obligaciones exigen el uso de habilidades y competencias emocionales que resultarán clave en la percepción del estrés, la capacidad de organización, solución de problemas y la percepción de autoeficacia de los trabajadores.

En este contexto laboral, surge un nuevo concepto: el capital psicológico. Éste, tiene relación con las fortalezas y capacidades de los trabajadores para mejorar el rendimiento en el desempeño de sus funciones. Estas capacidades incluye la percepción de autoeficacia, el optimismo, la esperanza y la resiliencia.

Por tanto, el capital psicológico influye considerablemente en el rendimiento de los trabajadores. Además, alcanzar correcatmente altos niveles de bienestar laboral, mediante una eficiente gestión emocional, ayuda a prevenir el desgaste profesional o síndrome del burnout. (Gómez-Perdomo, Meneses-Higuita y Palacio-Montes, 2018).

 

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